Diseño de Alta Costura, hecho en Santa Rosa

Betty Villarruel nos cuenta cómo comenzaron sus primeras puntadas

Beatríz Villarruel, o Betty, vive en Villa Santa Rosa y desde muy chica siente la pasión por la costura. Cuenta que su mamá era modista y ella la veía coser, y comenzó haciéndole ropa para sus muñecas, según nos dice «a mano». A los 15 años se hacía su propia ropa, sacando moldes de otras prendas. A veces a mano y a veces, si su mamá tenía tiempo, le pasaba la máquina.

«Mi mamá me mandó a que estudiara costura con la señora Brochero (…) Me gustaba tanto que me mandó a estudiar», relata Betty.

Su estilo es osado, destacable por amplios escotes y armoniosos cortes que dejan entrever la figura de las mujeres. Se autodefine como «muy detallista» y con un gusto particular por los apliques, como perlas o flores. Siente una particular debilidad por las espaldas descubiertas.

«Puedo pasar noches sin dormir porque me gustan los detalles, me gusta el bordado, que se vea perfecto. Me encanta».

En la Edición 35º de la Expo Villa Santa Rosa, Betty participó del tradicional desfile, mostrando quince vestidos de diseño: cinco de ellos fueron hechos exclusivamente para el evento. Las otras piezas fueron lucidas en su mayoría por sus propias dueñas, quienes se animaron a la propuesta de Betty. No sólo se hacen a medida de cada cuerpo sino que Betty intenta complacer hasta en el último detalle el pedido de sus clientas.

«Hago los detalles como me los piden y quedan muy conformes porque es tal cual lo querían. Por lo general me traen una idea (…) Entonces le busco todas las imágenes. Y me dicen ‘de éste me gusta ésto, y la parte de adelante de otro’.  Y así armo de dos o tres vestidos, uno».

Para ella, el desfile de la Expo fue un espacio que le permitió que la gente la conozca más, específicamente como diseñadora de vestidos a medida, ya que siempre ha trabajado en la localidad con otras prendas, como remeras de egresados o uniformes escolares.

La diseñadora se ocupó de que en el desfile no sólo hubiera una variedad de diseños y colores, sino también variadas modelos. «Mujeres reales», dice Betty, asegurando que no importa si hay kilos de más o de menos, siempre que se tenga un buen vestido, peinado y maquillaje. «Todas podemos lucir lindas», explica.

Si hay algo de lo que Betty está segura es que cada traje lleva su sello propio. Las mujeres que la buscan, sean novias, quinceañeras o que simplemente tengan algún acontecimiento especial, saben que se va a llevar un vestido a su medida y a su gusto. Dice no tardar más de un mes o un mes y medio en realizar un vestido, aunque siempre van con mucho tiempo de anticipación. Pero «los últimos detalles se hacen la misma semana porque por ahí engordas o adelgazas», detalla.

«Hasta el mismo día de la fiesta yo estoy disponible, para cualquier detalle. Muchas me llaman para vestirlas el mismo día. Siempre les digo a mis clientas, pueden venirse quince veces, dieciséis (…), hasta que ellas se vayan con el vestido y conformes de mi casa».

Es allí donde tiene su taller. Allí hilvana sueños, cose ilusiones y acumula sonrisas de cada una de las mujeres que se van contentas por el trabajo realizado.

«Son caricias del alma. Cuando vos ves a tu clienta, la ves con el vestido, que lo luce y está conforme, eso es algo que no tiene precio».

 

Beatríz dice que si bien es muy difícil llevar adelante un negocio de este tipo en una localidad como Villa Santa Rosa, nunca deja de apostar a sus sueños. Debido a los costos, a veces resigna su parte para cumplir con lo pedido. No siempre puede poner el precio que corresponde, «la gente en Córdoba lo consigue por menos y en menos tiempo».

La crisis, el aumento de los precios en las telas, y la situación general que viven muchos emprendedores, no son un impedimento para Beatríz, quien continúa firme con un gran anhelo como meta: tener su propia casa de diseño de vestidos.

Trabajó cosiendo uniformes, manejando un remis y criando a sus hijos. Actualmente mezcla un poco de lo que más le gusta con trabajos más simples como uniformes para clubes o trajes para fiestas escolares. Pero coser es algo que ella le apasiona, su taller es su lugar en el mundo. Y aunque tarde más tiempo, paso a paso camina hacia adelante sin perder de vista lo más importante: su propio sueño

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Lic. en Comunicación Social

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