En Monte Cristo, el comedor Cacerola de empatía pide donaciones para seguir ayudando

Además de brindar alimento, este comedor también asiste con útiles escolares, medicamentos y ropa a cualquier persona que lo necesite. Conocé su historia en esta nota

Una niña de 8 años llega desde zona rural, tras caminar una hora, con una bolsita de yerba entre sus manitos. Toca la puerta y espera impacientemente que le abran. Cuando, Priscila, la encargada del comedor sale a atenderla, la nena expresa todo su agradecimiento con un abrazo de esos que llenan el alma. «Hoy puedo ayudar yo al comedor», dice la pequeña, y le ofrece a la joven lo que vino a dejarle.

«Te traigo un poquito, porque cuando nosotros no teníamos para hacer mate cocido, vos nos llevaste azúcar yerba y harina. Por ahora puedo traer yerba, pero cuando tenga azúcar y harina también voy a traer», le dice Luz Alelí a Priscila. En este simple gesto se refleja lo mucho que significa la tarea solidaria que realiza una familia de Monte Cristo, al llevar adelante el Comedor Cacerola de Empatía en ese lugar.

«Ella es muy importante en nuestro comedor porque aún cuando se ponen las cosas duras, ella es la esperanza de seguir, esa sería la definición para con ella», relata la joven sobre la nena. «Ella es la que le da la fuerza a su mamá para aún así salir adelante. Ella viene a buscar la comida, la mercadería y le lleva a su familia, a su mama, a su hermanitos, al vecino, a la otra persona que está en el cortadero anterior», agrega Priscila.

Una familia unida para ayudar

Este espacio abrió sus puertas hace un año y medio. “El proyecto fue propuesto cuando éramos pequeños, cuando falleció mi hermano más grande”, cuenta en diálogo con Hablando Claro Priscila Selva Racedo, joven de 27 años que trabaja en esta iniciativa junto a sus hermanos y padres. Ella es la segunda hija de los siete que tuvieron Silvina y Silvio.

De esta manera, esta familia montecristense decidió abrir el comedor en la rotisería que tienen desde hace 15 años. La misma se encuentra en la calle 25 de Mayo 348 de esta localidad. Allí también funciona un merendero tres veces a la semana, pero a veces no se llega a alimentar a todos los niños que llegan.

Priscila afirma que el hambre que veía día a día en su trabajo fue motivo suficiente para concretar esta tarea pendiente de llevar adelante un comedor: “surgió porque yo daba particular a muchos chicos de zona rural y todos los días los chicos me pedían si les podía hacer el té, porque no habían comido”. En una de esas visitas, esta joven montecristense conoció a Luz Alelí.

«Somos puentes de buenas acciones, así dice mi mamá»

Según la encargada del comedor, al poco tiempo de abrir llegaban 20 personas a buscar un plato de comida. Luego, ese número fue subiendo lentamente, hasta llegar a las 100 personas.

La pandemia fue un duro golpe para la situación económica, tanto, que se reflejó también en la cantidad de porciones que el comedor tuvo que servir: «llegamos a tener por día hasta 1000 raciones, cuando fue el pico más alto de la pandemia». Ahora, se preparan entre 340 y 350 platos de comida.

La ayuda que se brinda no sólo es comida, sino que también se da ropa, elementos de primera necesidad, como camas, heladeras, cocina, colchones, medicación, pañales. La encargada del comedor cuenta que ayudan «a quien llegue y le haga falta». Además, afirma que actualmente hay tres personas con cáncer que dependen las 24 horas del comedor. «Una señora tiene 52 años, el otro señor tiene 72 y uno de los chicos tiene 29» describe Priscila y detalla que estos pacientes necesitan tramadol, fruta, verduras y pañales.

En la cuenta de Facebook del comedor, se pueden ver tanto los diversos pedidos de donaciones como aquellas que se reciben. Las publicaciones resaltan el agradecimiento por poder ayudar y la urgencia por asistir a alguien con necesidad.

«Todo es a pulmón, es de la gente para la gente» afirma Priscila. Cuenta que toda su familia pone su trabajo y empeño para mantener en funcionamiento el comedor. «Mi papá hace la comida, mi mamá lava y prepara todo, yo soy la que me encargo de la gente, de la visita a cada hogar, ver sus necesidades, mi hermana se encarga de la ropa, mis hermanos de entregar, dos amigos de mi hermano también», cuenta esta mujer montecristense.

Además, cinco colaboradoras se encargan de organizar los roperos, eventos, colectas, entre otros. Priscila explica que, en la dinámica del comedor, no es posible planificar las tareas por hacer: «Cada día no es que decimos de hacer un cronograma un día al mes para ver qué hacer. No, cada día se levanta y se va viendo qué se tiene para brindar la comida».

Silvio, padre de Priscila y quien cocina en el comedor, manifestó a Hablando Claro que «la familia se siente muy gratificada por ayudar a tanta gente en esta situacion de pandemia». «Acá encuentran un amparo, se sienten personas de pertenencia al comedor y tratamos de ayudarlos en lo que más se puede», agrega el hombre de 51 años.

Diana Luz, prima de Priscila, cuenta que el trabajo en el comedor es una oportunidad para «poder devolver a la vida un poquito». «El proyecto es ayudar, poder hacer un poquito más llevadera la vida de las personas», añade la joven.

El comedor no recibe dinero, ya que de esa forma evitan dilemas. «Eso nos da transparencia», afirma Priscila. En este espacio solidario se reciben todo tipo de donaciones, ya sea en alimentos, medicamentos, útiles escolares, ropa, calzado, entre otros. No importa lo que se dé, porque siempre hay alguien esperando del otro lado a recibirlo.

Una forma de ayudar desde la distancia es a través de una transferencia a una carnicería cercana al comedor, que puso a disposición sus datos para la compra puntual de carne, pollo, verdura, aceite y sal. El CVU es 0000003100007819061314 y el alias es nube.cupos.abrigo.mp. También se pueden acercar las donaciones de forma presencial en la calle 25 de Mayo 348 de la localidad de Monte Cristo.

Para comunicarse y ayudar al comedor Cacerola de empatía, los datos de contacto son:

  • número de teléfono: 3516190838
  • Facebook del comedor
  • e-mail: espacioselvitapripri@gmail.com.

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