«La danza me enseñó a conocer mi cuerpo, pero esta vez es el bebé quien llevará mi ritmo»

Mar tiene 32 años y está a pocos días de tener a Lucio, su primer bebé. En una cautivadora entrevista en el marco de la semana del parto respetado, relata su decisión de dar a luz en la calidez de su hogar, intentando visibilizar otras maneras de parir.

Transitando la semana del parto respetado, hablé con Mar Cuello Dominguez, una madre que está a punto de tener a Lucio, su primer bebé. Sus palabras entraron a mis oídos como esas melodías que no podes parar de escuchar. Tan consciente, me contó sobre su decisión de dar a luz en la calidez de su hogar.

Hablaba y transmitía música, será, tal vez, el corazoncito de Lucio que sigue paso a paso el ritmo de su madre y que ya, desde lo más profundo de su interior, baila y se conecta con ella.

La futura madre de 32 años, me explicó que su deseo viene desde hace mucho tiempo: “La verdad que es algo que siempre supe, desde hace muchos años, que el día que tenga un bebé me gustaría recibirlo en mi casa”. Y siguió, sola, relatando el por qué:

“Por una cuestión de conexión corporal. Yo siempre he trabajado la conciencia del cuerpo, de estar relajada, y aprendí que cuando una se relaja y se suelta, vive de otro modo, más natural. Y siempre imaginé que el parto debía ser así”.

Mar es profesora de danza y de tarot, afirma que la danza clásica, contemporánea, el folclore y el tango, le enseñaron a conocer al máximo su cuerpo y el ritmo mismo de su cuerpo. En ese sentido, me explicó que otra de las razones por las que no desea ir a un hospital el día que dé a luz es que: “no todas –las mujeres gestantes- tenemos que salir a caminar, no todas echarnos a la cama a dormir, el cuerpo mismo va pensando lo que la gente necesita”.

Foto: Natalia Roca.

Transita la semana 38 y durante todo su embarazo fue controlada por diferentes profesionales de la salud, múltiples obstetras de una clínica universitaria a los que Mar nunca se vio en necesidad de contarles que no tendrá a su bebé allí. Su decisión también pasa por la normalidad de la gestación, “ha sido buena, saludable”, me dijo.

La madre primeriza no se siente sola, se siente acompañada por su pareja y por las miles de conocidas y amigas que transitaron un cálido parto en su casa. Consejos, recomendaciones, contactos, van y vienen entre ellas.

“Las chicas que tuvieron a sus bebés en su casa sienten justamente lo mismo que yo siento, querer tenerlo desde otro lugar. Porque el parto es realmente de una, no del médico, no de la enfermera, es de una y del bebé”.

Foto: Natalia Roca.

Sumado a estos relatos, también están las amigas que han tenido malas experiencias en clínicas cordobesas. Para Mar, es un problema totalmente de la educación de los profesionales de la salud: “sobre todo el trabajo corporal, me parece sumamente necesario durante la gestación y el parto”. Además, añade que se tiene que ir más allá de lo anatómico, a una conciencia de lo que tiene el cuerpo como modo de “respirar y soltar”.

“La humanidad, en el sentido de ponerse en el tiempo y el espacio de la mujer que va a parir y de su bebé”, sintetiza.

“Es Lucio quien va marcando el ritmo, el modo. Independientemente de eso, también sería hermoso que podamos vivir de esa manera en el hospital. Porque no todas las mujeres deseamos parir en nuestra casa, algunas se sienten más tranquilas en un hospital”, me explicó, dando cuenta que lo que importa es la libertad de decidir dónde y cómo tenerlo. Mientras que del cuándo, se ocupe el bebé.

A su favor, sus allegados y amigos respetan su decisión. Sin embargo, su padre, y ella lo comprende, “en ocasiones me ha hecho preguntas con respecto a la seguridad, si sucede algún imprevisto, qué hacer si tengo que ir al médico de urgencias”.

“Mi papá no está de acuerdo con la decisión de tenerlo en mi hogar, pero me acompaña y respeta igual. En general, nunca nadie me ha faltado el respeto ni se ha opuesto rotundamente cuando lo conté”.

Foto: Natalia Roca.

A la partera, que va a estar presente durante todo el proceso, la logró conseguir muy fácil gracias a las mujeres que transitaron por la misma situación. Sin dejar de ver la realidad, Mar me contó que “por suerte», vive muy cerquita del hospital donde se atiende, sabiendo que tendrá el auto disponible por cualquier inconveniente: “sé que si bien es una elección mía parir en casa, también tengo este plan ‘b’, ante cualquier cosa. Eso me relaja”.

Ni ella ni su compañero quieren estructurar nada, si bien confiesa que en su momento buscó planearlo todo, hoy afirma que las energías le harán saber qué hacer: “estoy intentando quitarme todas esas expectativas e ideales que una se forma”.

“Imaginé velas, música y todo eso. Después lo solté. Porque tal vez no sea así, tal vez sea un poco más salvaje, netamente corporal. Sé que será en ese momento que voy a estar conectada con mi verdad”.

En un momento de nuestra charla, casi al final, cuando ambas nos entendíamos a la perfección, se me ocurrió preguntarle algo un poquito más abstracto: ¿Qué le dirías a Lucio antes de nacer?, convencida y casi sin pensarlo me respondió: “Que respete su ritmo”.

Y siguió: “Que se tome su tiempo, justamente anoche soñé con él. Lloraba porque todo el mundo le decía que ya lo estaba esperando. Porque tenemos esa concepción de que para la semana 40 ya tendría que haber nacido, sin embargo puede esperar hasta dos semanas más”.

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