«No soy trans ni binaria, soy marica»

Nachín Nahuel Farías es un joven de Córdoba que recorrió un largo camino donde los golpes fueron fuertes, pero le dieron la fuerza y la valentía para asumir su sexualidad.

Tiene 24 años y halló su identidad sexual en la letra Q de la comunidad LGBTIQ. En la actualidad, se considera que el término Queer es amplio porque tiene muchos orígenes, el primero fue un insulto que se le decía a las personas con identidades sexuales “raras, desviadas, quebradas, dobladas” en los Estados Unidos y que, poco a poco, las personas no binarias lo reapropiaron para designarse a sí mismas como Queer. Así, quitándole el sentido peyorativo, comenzaron a jugar con el insulto hasta introducirse dentro del histórico colectivo LGBTIQ.

Sin embargo, ser Queer en Latinoamérica cobra otro sentido para Nachin Nahuel Farías, que piensa en el equivalente del término en su geolocalización: “hay que entender que Queer es una palabra que viene de afuera, y está creada en ese contexto”.

“Nosotres tenemos otras palabras que significan lo mismo como Marica, Puto, Trolo, que nos las dicen como insulto. El insulto latinoamericano más común es Marica, por eso decidimos embanderarnos con esa palabra, reconvertirla, sacarle la cara mala, y ponerle orgullo”. Además, detalló: “Tanto Queer como Marica son términos reapropiados por aquellos que son oprimidos”.

Aunque antes se sentía cómodo con el término gay, hoy se autodefine como marica, porque desde su óptica, el concepto de gay tiene una carga más masculina, más binaria, en donde no encuentra pertenencia. “Con el tiempo me di cuenta de que no encajo dentro de los cánones de lo que es ser gay masculino», refiere intentando esquivar aquella carga varonil del término que considera no tener, o al menos no por completo.

“Si bien yo no soy una persona trans, tampoco soy binaria en el sentido de que tengo muchas cosas femeninas y otras que no se clasifican ni para un género ni para otro”, aclara antes de contar su historia. Una historia donde los golpes fueron fuertes, pero le dieron la fuerza y la valentía para asumir su sexualidad.

Foto: Facebook.

Pueblo chico, entre insultos y lentejuelas: “me hubiera gustado que alguien me apoye”

Nachin Nahuel Farías actualmente reside en Córdoba Capital pero sus orígenes se encuentran en un pequeño pueblito al oeste de la provincia de Catamarca llamado Tinogasta, uno de los últimos poblados antes de llegar a la cordillera y a donde su familia cordobesa se mudó por posibilidades laborales. Hijo único, vivió una infancia libre siempre muy protegido, para él “hasta a veces sobreprotegido”. Fue una etapa linda de su vida pero también extraña: “siempre tuve pequeñas cositas Queer: me gustaban ciertas cosas que la gente consideraba femeninas como pelucas, brillos, lentejuelas”.

Desde que tuvo uso de razón, aprovechaba a entrar al cuarto de su mamá cuando se iba al trabajo. Allí, agarraba maquillajes y ropa y disfrutaba haciendo de él una obra de arte. Sin embargo, después lo reprimió durante mucho tiempo y recién en la adolescencia, cuando tenía 15 o 16 años, volvió a “salir”:

“Empecé a salir y salir, y cuando eran los concursos de ‘mariposones’, hechos para que todo el mundo se ría, yo me maquillaba y aprovechaba ese momento como un medio de expresión. Después, con el tiempo, entendí que no estaban tan buenos, pero los mariposones eran en ese momento mi escape”

Foto: Facebook.

En un principio, su madre fue quien peor se lo tomó, “ya lo sabía y lo negaba, y se enojó cuando se lo dije”. Después de seis meses sin hablar, la película Plegarias Por Bobby, en la que una mujer devota se convierte en ferviente defensora de los derechos homosexuales tras el suicidio de su hijo, la hizo entender “que no estaba cometiendo ningún error con ser lo que era”. Así, poco a poco, retomaron su relación y la exprimieron tanto hasta llegar a ser mejores amigos:

“Hoy por hoy mi mamá es como mi mejor amiga, me ayuda a coser y a hacer los trajes y estar con ella me encanta. Me súper apoya como el resto de mi familia, mis tíos y mis abuelos ya lo sabían, claramente, y la verdad que siempre me apoyaron incluso ellos mismos fueron quienes me dijeron ‘decínoslo ya lo sabemos’”

Golpes que dolían más allá de la piel, discriminación, miles de insultos e incontable cantidad de puertas cerradas, fue lo único que recibió cuando tuvo la valentía de hacer pública su identidad sexual:

“Estaba harto de la especulación, asique decidí publicar en redes sociales que era gay, ahí sentí el rechazo de mucha gente y hasta no pude entrar a lugares porque me negaban el acceso. En la escuela, los mismos profesores me decían que no fuera tan extravagante”

Su adolescencia fue la etapa más difícil de su vida y su sexualidad un gran problema en aquel pueblito catamarqueño en el que nadie le brindó su apoyo y ni siquiera su escuela logró apartarse de los prejuicios para proteger a este joven que adolecía y necesitaba sostén. Para él, esos desagradables años están totalmente negados, pero considera que en algún momento debería contarlo:

“Porque si bien ahora no es lo mismo la libertad de las personas Queer y Maricas que hace diez años atrás –cuando yo era chico-, si creo que en algún momento debería hablar para ellos; para todos los chicos que en menor o mayor medida están pasando por eso y está buenísimo que alguien les de ese apoyo. A mi me hubiera gustado tener el apoyo de alguien, así sea por redes sociales”, expresó el joven mientras se le quebraba la voz.

Foto: Facebook.

Del pueblo a la ciudad: “conocí la universidad de la vida”

Hoy Nachin está terminando la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba, y considera que si bien la institución “está plagada de conocimiento que te amplía el debate de que siempre lo más diverso es lo correcto y respetar la diversidad”, también cree que la universidad de la vida fue la que le permite ser hoy quien quiere ser.

“Me abrió la cabeza la universidad pública junto con sus personas de todo lugar y todo tipo; pero no fue el único lugar, la calle, cuando me vine a vivir a Córdoba, fue otra universidad que tuve para ser Queer”.

El contacto con las personas trans, queer, y de todo tipo, fue lo que más le cambió la cabeza a este joven que venía de un pequeño pueblo y aún no conocía esa personalidad que, luego de varios años, exprimiría. “Estar en contacto con la diversidad en primera persona, sin estudiarla, sino observándola. Eso se da en los boliches, la calle, las fiestas; aquellos lugares que uno cree que no aprende nada pero aprende un montón”.

Así fue que el joven comenzó a inspeccionar en el terreno del Drag Queen, disfrazándose y actuando a la usanza del estereotipo de mujer pero con rasgos exagerados. Casi de caricatura pero que llega al asombro, su personaje, Camionera Travesti, lo inició jugando, “al bardo”, como dice él.

“Ese bardo, años después, se convirtió en mi marca personal. Porque sigo haciendo las cosas malísimamente mal en cuanto a estética, pero me empodero de eso”, se autodefine. Sin embargo, esa es la autenticidad del Drag Queen, exagerar cualidades estéticas asociadas popularmente a la feminidad, mediante la utilización de vestuario, peinados y maquillaje extravagantes, originado de una intención primordialmente cómica o satírica.

Su vida como Drag: “siento que logré crear un personaje gracioso, extraño y poco convencional”

Ser Drag Queen es definitivamente caro, crear una personalidad con características variadas cuesta tiempo y dinero. Pero para Nachin, el proceso de transformarse en Camionera Travesti es un acto infinito de arte y amor. Para draguearse se torna fundamental tener tiempo, así, entre música, maquillaje, zapatos, trajes extravagantes y pelucas, los minutos pasan y Nachin logra transformarse completamente:

“Tardo entre tres y cuatro horas para hacer todo: me maquillo, peino la peluca, me pongo la peluca, y me hago el cuerpo. Porque nos modificamos el cuerpo un montón, nos ponemos caderas artificiales de goma espuma para crear femeneidad en la silueta y escondemos partes del cuerpo”.

“El tema del traje cada une tiene sus métodos, yo me los coso con una maquina vieja que tengo ahí, pero paso un monton de tiempo haciéndomelo”

Para él todo tiene su complejidad, todo tiene su tiempo y sin embargo no es un impedimento. Al momento de trabajar y realizar presentaciones en boliches, fiestas, teatros y bares, Camionera Travesti se encarga de animar, entretener y recibir a la gente para que se divierta. Con un carisma especial, la Camionera es aclamada por el público cada vez que hace playbacks o lipsings  en los boliches donde trabaja fijo.

Cuando termina el show, se da cuenta que el estar tanto tiempo de tacos, sufrir calor, o padecer los dolores de cintura al ponerse cinta “para la silueta de mujer”, vale la pena. “Vale la pena y me gusta a la vez, porque es el símbolo de ser quien quiero ser, aunque sea por un par de horas”.

Al preguntarle sobre Camionera Travesti, su otra mitad y en quien se transforma cuando le apetece, explicó, con un tinte de admiración, que para él su propio personaje es su ídolo:

“Siento que es único, que he logrado crear un personaje gracioso, extraño y poco convencional incluso dentro del arte Drag Queen. Es toda la camionaridad. Creo que yo mismo soy mi propio ídolo y no me parece que esté mal, porque amo mucho lo que hago”.

Camionera Travesti se consolidó Reina Provincial de la competencia Drag Queen Studio en el año 2017.
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