Veganismo y costumbres argentinas: una disputa del siglo XXI

En los últimos meses, muchos han sido los debates que se han generado entre los que defienden el consumo de carne y los que se oponen a ello. En Hablando Claro, decidimos escuchar ambas voces

No hace mucho tiempo atrás, una tensa situación se produjo en La Rural de Palermo, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Durante el acto central de la conocida Exposición, un grupo de activistas veganos se hicieron presentes con carteles que mostraban el rechazo hacia la “explotación animal”.

Como muchos recordarán, la protesta no terminó allí, sino que tuvo violentas repercusiones que quedaron grabadas por los celulares de algunos espectadores: hombres a caballo, vestidos con las típicas prendas gauchescas argentinas, acorralaron a los protestantes y les quitaron sus pancartas, forzando a que se retiren del lugar.

A este episodio, se le suma otro más reciente que tuvo lugar en Tandil. La agrupación Animal Libre, que defiende los derechos de los animales, irrumpió en la Fiesta del Salame para manifestarse en contra del sufrimiento animal.

De esta manera, se reaviva el debate que sigue generando conmoción social a lo largo y ancho del país, produciendo discursos polarizados y polémicos en torno a la cuestión del maltrato animal, las costumbres alimenticias argentinas y las nuevas formas que, desde hace ya tiempo, se vienen ofreciendo desde los activistas veganos para evitar el consumo de productos de origen animal.

Desde Hablando Claro, decidimos contactarnos con ambas partes. Por un lado, quienes defienden el consumo de productos animales como parte de la cadena alimenticia y productiva que le brinda trabajo a la sociedad argentina; y por otro, quienes proponen nuevos hábitos alimenticios dejando de lado los productos de origen animal, ya que consideran su producción como una forma más de “explotación animal”. 

Bienestar animal

Uno de los temas más polémicos gira en torno al faenamiento de un animal, que consiste en un “proceso higiénico de animales para la obtención de carne para el consumo humano, que inicia con la recepción de las especies hasta el despacho de sus productos listos para comercializarse”. En ese sentido, en diálogo con Hablando Claro, el médico veterinario Gabriel Uribe Echevarría (mp: 6431), quien trabaja en el Ministerio de Agroindustria de la Provincia de Buenos Aires explicó, en diez breves pasos, el proceso:

1- El animal es transportado desde el campo al frigorífico.
2- Inspección Ante Mortem (un médico veterinario ve que el animal camine bien, tenga buen aspecto, no tenga enfermedades visibles como descargas nasales, oculares, ni que esté afiebrado).
3- Descanso y dieta hídrica en los corrales del frigorífico (permanece entre 6 y 24 horas en descanso con provisión de agua fresca).
4- Pesaje y lavado del animal (se lo baña en una manga con provisión de duchas de agua para el mojado completo y el lavado del cuero).
*Ingreso a zona sucia*
5- Insensibilización eléctrica en la sala de noqueo (se utiliza un martillo que le produce descargas eléctricas en el sistema nervioso central el cual lo noquea automáticamente).
6- Colgado y sangrado (se eleva el animal y se lo degüella. Se deja escurrir la sangre y vómitos que son retirados por medio de efluentes. La sangre a veces es captada para otros procesos).
7- Desollado (se le arranca la piel del cuerpo al animal y se extraen las patas y manos).
*Ingreso a zona intermedia*
8- Evisceración (se le quitan todas las vísceras y se las clasifica en salas verdes y salas rojas: lo que es comestible de lo que incomestible).
9- Corte de la carcasa, lavado y pesado de la media res (se procede a partir el animal en dos media res).
*Ingreso a zona limpia*
10- Refrigeración (cámaras frigorífica que mantiene la temperatura de 6° centígrados hasta llegar al expendio de carnicerías o supermercados).

El médico veterinario considera que, dentro de todos estos pasos, “lo más importante es que el animal sea inspeccionado y las buenas prácticas de manufactura”, haciendo especial énfasis en que el animal “no tenga sufrimiento” y considerando “el bienestar animal ante todo, tanto en el campo, como en el transporte, como en el frigorífico”. 

Por su parte, Damian Bendersky, un joven cordobés activista por los derechos animales e integrante de la agrupación internacional Anonymus for the Voiceless, en diálogo con Hablando Claro, refutó este argumento expresando que “el foco no está en el trato”. Y agregó: “Que lo trates de manera hermosa y después lo mates, sigue siendo explotación. No quieren que el animal sufra, pero lo inseminan artificialmente, lo tienen enjaulado, lo explotan, le sacan la leche y los matan”.

Nutrición

Cuando fueron preguntados por los aportes nutricionales de los productos de origen animal, el veterinario alegó que tanto la carne como los lácteos y huevos forman parte de la alimentación del mundo desde siempre. “La carne es una fuente de proteína importantísima de alta calidad que necesita el niño para su crecimiento” indicó.

Además, hizo referencia a las prácticas milenarias de ganadería con las cuales el ser humano ha subsistido por años: “Son animales que por milenios han sido domésticos para consumo de carne, tanto el cerdo, el bovino, el ovino y el ave”.

Por su parte, Bendersky dijo que “estamos muy desinformados” y aseguró que no necesitamos comer carne. “Las principales organizaciones de nutrición lo avalan hace mucho tiempo. La Academia de Nutrición y Técnica de Estados Unidos tiene una postura muy clara: no necesitamos ni productos de origen animal ni sus derivados en ningún momento de nuestras vidas” argumentó el activista.

Para él, comer animales no sólo es innecesario, sino que incluso es perjudicial para la salud: «la grasa animal, la carne procesada están ligadas a cáncer de próstata, cáncer de colon, cáncer de mama, obesidad, diabetes, hipertensión» agregó.

Contaminación

Si bien ambos son conscientes del gran impacto que producen las prácticas ganaderas en el medio ambiente; mientras uno de ellos propone que la solución sería legislar correctamente los procesos productivos de toda índole, el otro decide cambiar su alimentación porque está seguro que eso generará un menor impacto.

Específicamente, el veterinario dice que “tendría que estar prohibido el engorde de corrales cercanos a los pueblos, por los daños que puede causas en la salud pública”. Y agrega que no sólo la ganadería es la causante de estos problemas, sino que todo progreso e industrialización produce gases que influyen en el calentamiento global.

En este sentido, Bendersky asegura que la explotación animal es el principal responsable del efecto invernadero. “La ganadería requiere de mucho más recursos de agua y de tierra que una alimentación vegana. Cada vez necesitamos deforestar más para darle de comer a esos animales”.

Al preguntarle si no creía que la deforestación también sería necesaria para mantener una dieta vegana, Bendersky respondió con seguridad: “Nosotros no estamos diciendo que el veganismo tiene impacto cero en la tierra, pero sin duda, sería muchísimo menor”.

En conclusión

Ambas posturas son claras en sus planteos y parten desde experiencias personales para defender sus formas de pensar y actuar.

Gabriel Uribe Echevarria cree que hay que respetar todas las formas de vida y de costumbres alimentarias: “creo que un vegano tiene que respetar al omnívoro o al vegetariano y así el vegetariano respetar a los demás y el omnívoro que tiene la carne incorporada en su dieta tiene que respetar a los demás”.

Mientras que Bendersky, desde su lugar, invita a la gente a cuestionarse lo que está establecido y pensar en la incoherencia que existe cuando nos consideramos amantes de los animales pero al mismo tiempo los usamos para nuestra alimentación, entretenimiento y otros. Y agrega: “quizás la ‘violencia’ que ejercieron los chicos que irrumpieron en la rural con carteles es diminuta en comparación con la violencia que estamos causando a los caballos y otros animales en este sistema de explotación”


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