Bailarinas de Villa Santa Rosa con identidad Femme: «la danza nos transforma»

Laboratorio Femme es un espacio creado en pandemia que permitió evolucionar, cambiar las miradas de cómo se autoperciben las mujeres en escena

Hace poco más de un año, cuando se decretó el aislamiento social obligatorio, muchas actividades se suspendieron y otras tantas pudieron reinventarse. Con la ayuda de las redes sociales y los medios cooperativos pudieron seguir adelante a través de las pantallas. La danza no fue la excepción, no había academias, ni mucho menos shows. Zumba, salsa, y otros tantos ritmos se podían disfrutar desde el encierro de manera gratuita, en aquellos primeros meses del 2020. 

Este momento fue crucial para un grupo de bailarinas de Villa Santa Rosa, ya que atravesadas por la situación, decidieron encarar un proyecto para poder mirarse, para explorar la danza más allá de la técnica y pensarse como artistas que transmiten por medio de su cuerpo el amor y la pasión por bailar. 

Es así como surge “Laboratorio Femme” integrado por Florencia Angaramo, Valeria Simonelli, Marisa Herrador, Paula Páez, Malena Molina Peyronel, Lourdes Baigorria y Candela Bertello; y apoyado por el profesor Gustavo Ludueña. 

“Es un grupo que se formó para el autoconocimiento, más allá de aprender a bailar, la idea era hacerlo más consciente. De dónde sale este movimiento, qué puedo expresar con este paso”, cuentan en diálogo con Hablando Claro

A lo largo de la historia las artistas mujeres han sufrido el control, a través de múltiples mecanismos, y han sufrido la invisibilización por parte de la sociedad. La mujer debía presentarse bajo normas preestablecidas para no alterar las buenas costumbres y ser aceptadas por el público, de lo contrario era violentada y tomada como objeto sexual y de burla. Pero, entonces ¿en qué lugar quedaba la mujer detrás de la artista?

Esta tradición se remonta desde la Edad Media, increíblemente, hasta estos días seguimos viendo una huella machista que se conecta con las ideas que rodean a la mujer sobre su propia identidad, cómo debe bailar, cómo se debe vestir para entrar a la escena y otros cómo que se naturalizan en hecho de “ser mujer”. 

En estos meses de trabajo, rompieron prejuicios y se expandieron como artistas. A nivel personal las bailarinas dicen haber superado muchas barreras que ellas mismas se ponían. “En lo personal crecí mucho, yo siento que soy otra persona después del ejercicio”, relata una de las integrantes. 

Identidad FEMME

Cuando comenzaron las primeras consignas de trabajo las chicas confiesan, entre risas,  que no entendían mucho pero que se animaron a autoconocerse. “Nos mirábamos más allá de las coreografías”, expresan. 

Fueron muchas etapas las que pasaron con el proyecto, pero la que más resaltan es la búsqueda de la identidad como artista. Empezaron a conectarse por medio de los lenguajes corporales: “nos pasó que una pensaba que su fuerte era el movimiento de manos y cuando la veíamos bailar, no. Su mayor potencial lo tenía al mover la cadera. Así la mayoría… otra tenía el complejo de que no le gustaba una parte de su cuerpo y no se animaba a acentuar el movimiento ahí”, explican. 

Además, dicen que empezaron a comprender que las miradas del público son del público: “es lo que cada uno tiene en su cabeza, yo me subo a bailar es un show y lo hago de manera profesional, si la gente entiende otra cosa es un problema de la gente”. 

“Yo subo al escenario para ser feliz y para demostrar todo lo que aprendí, ¿por qué me tiene que perjudicar lo que piense el público?”, reflexionan.

En este sentido, Gustavo, su mentor, dice haberse sorprendido cuando empezaron a salir a la luz todos estos temas. “Yo me asombré porque lo que yo veo en el escenario es muy distinto a como ellas se ven”. El profe remarca que conocer cómo se sentían las chicas y cómo veían todo lo simbólico de la danza, le sirvió para deconstruirse, pensar distintas las dinámicas de las clases y poder trabajar desde otra lógica. 

“Antes era bailar de memoria”, cuentan ellas, “era estar preocupada de que se me vaya a ver algo. Ahora sabemos que estamos moviendo las manos, o haciendo una expresión con la cara y le ponemos intención entonces queda más lindo a la vista”. 

Para el grupo, uno de los tantos puntos positivos que trajo esta búsqueda de los lenguajes corporales fue la posibilidad de resaltar lo bueno de cada una y poder decir “qué bien que lo hice”. 

“Bailo bruta, me siento fea, estoy gorda”: eran frases muy recurrentes y el ejercicio de apoyarse entre ellas rompió con esa mirada injusta sobre sus propios cuerpos. Mirarnos nos sirvió para darnos cuenta de que todas nos decíamos estas cosas, entonces fue un ejercicio para apoyar a la otra, y al mismo tiempo, apoyarme a mí misma”. 

Las chicas reconocen que tenían estas cargas individuales y otras colectivas. Tenían miedo al qué dirán, a qué van a pensar si bailo así, o si elijo esta canción. Y aún más sabiendo que habitan en una pequeña localidad. Según el profe, la idea de estos ejercicios era también formar docentes: “era un trabajo en equipo, en donde había que planificar todo”.

“Este trabajo nos ayudó a cambiar la forma de ver las cosas, entender que no nos define la ropa, ni como bailamos, es un personaje. A los límites los ponemos nosotras. Nos preguntamos mucho, cómo nos están viendo. Ahora no tanto, pero antes del espacio Femme sí estábamos muy pendientes”, comentan ellas.

¿Cómo nos ven?

Cuando cumplieron todas las etapas del laboratorio pasaron a la creación de las piezas audiovisuales. Como no tuvieron shows cada una protagonizó una historia, eligieron un lugar, la canción y la vestimenta para bailar con una nueva identidad como artistas.

Organizaron en una planilla una especie de guion y buscaron todo lo necesario para el rodaje a cargo de Facundo Trucco y Guille Hidalgo

“Teníamos un poco de miedo de mostrarnos al frente de ellos, pero la verdad que fue todo super profesional, estábamos tranquilas”. 

“El baile es mi cable a tierra”, cuenta una de las chicas y todas afirman que es una terapia, es un medio de expresión y todas tienen gratitud hacia la danza. «Vemos a la danza como algo completo, la danza nos completa y al mismo tiempo nosotras le ponemos las fichas, la completamos».

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Lic. en Comunicación Social

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