Micromachismos: violencia sutil a diario

En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ponemos la mirada en las violencias naturalizadas que vivimos las mujeres a diario y te invitamos a repensarlas

Ana despierta cada día con la sensación de no tener la suficiente energía para afrontar el día. Le agobia tener que pensar en todas las tareas que tiene que hacer en casa. A su lado, su marido duerme, despreocupado.  

Cuarenta años de vida, quince de matrimonio y una hija de doce. Ana, a veces, siente que lo tiene todo. Otras, que le falta tanto. Todavía en la cama, piensa qué va a cocinar esta noche y se acuerda de que aún no preparó la merienda para que Lara lleve a la escuela. 

Cuando se levanta, la mesa todavía está puesta de la noche anterior, porque ella se acostó temprano y Joaquín quedó cenando solo. Mientras lava los platos, piensa en que sería bueno invertir en un lavavajillas, le ahorraría mucho tiempo. “Estás loca, cómo vamos a gastar tanta plata en eso. Es al pedo”, le responde Joaquín cuando se lo cuenta. Ana piensa que capaz tiene razón, en realidad, no le lleva tanto tiempo lavar los platos. 

Ya casi es hora de salir hacia el trabajo, pero todavía no puso ropa a lavar. “¿Me podés ayudar con la ropa?”, le preguntó. La respuesta fue indiferencia y, un rato después, Ana lo escuchó quejarse de que “está cansado de trabajar todo el tiempo”. 

Su hija Lara ya se levantó y, un poco dormida, intenta ponerse el uniforme del colegio. Su papá le dice que “le dé una mano a su mama, que no puede con todo”. Lara obedece, sin muchas ganas. Está triste y no quiere ir a clases. Ayer, sus compañeros se burlaron de ella porque juega bien al fútbol. “Marimacho”, le dijeron. Hoy, ni siquiera tiene ánimos para volver a practicar su deporte favorito.  


Martina se levanta con ímpetu de la cama. Hoy tiene muchas ganas de ir a trabajar, la esperan muchos proyectos nuevos y está ansiosa por empezar. Conduce hasta el estudio de arquitectura, en el que trabaja hace más de tres años. Entra a la cochera donde estaciona cada día, encuentra un lugar en medio de dos autos y se prepara para posicionarlo allí. Ve que el encargado se apresura para llegar hasta ella, haciendo ademanes con las manos. “Esperá, esperá, yo te indico”, escucha decirle. Martina no tiene ganas de explicarle que hace desde los 17 que maneja y que no es la primera vez que se encuentra ante esa situación. 

De un auto cercano, se baja uno de sus colegas. “Demasiado bien por ser mujer”, le dice mientras le guiña el ojo. El encargado no se molestó en explicarle a él cómo estacionar. 

Martina entra al estudio con ánimo. No puede esperar a presentar el proyecto en el que pasó tanto tiempo trabajando. Saluda a la secretaria con una sonrisa y ésta le devuelve un “te viniste escotada hoy”, mientras ríe. 

Decide ir al baño. La imagen que le devuelve el espejo no es la misma que a la mañana. Su camisa ya no le gusta, por eso, se la tapa con una campera. Se dirige a la sala de reunión, su andar es un poco más lento y su postura un poco más encorvada. Ya no tiene tantos ánimos para hablar de su proyecto, pero le pone ganas igual.

La sala está vacía cuando llega, pero de a poco van llegando sus colegas y algunos superiores. El jefe es el último en entrar. “¿Quién es tu compañero de proyecto?”, le pregunta. Martina está al frente, con voz tímida le responde que nadie, que lo hizo sola. El jefe se voltea para dirigirse a los hombres presentes: “Parece que hoy vamos a aprender a diseñar una casita de barbies”, dice. Todos se ríen, pero ella sólo quiere llorar. 


Julia ya salió a la calle. Son demasiados los trámites que tiene que hacer hoy y prefiere empezar temprano. Camina por el centro apurada, viste una falda con volados y una musculosa amarilla. Se siente fresca así, aunque nota que muchos ojos se posan sobre ella. “Mamita”, escucha que le susurra un tipo mientras pasa por su lado. Empieza a pensar que quizás llama mucho la atención con su vestimenta. 

En la cola del banco, se encontró con una amiga de la secundaria. Se pusieron al día sobre sus vidas y recordaron viejas épocas. Entre todas las frases que dijo su amiga, se escapó un “vos estás más gordita, ¿no?”. Julia no supo qué responder, se limitó a sonreír mientras pronunciaba un tímido puede ser. Hasta ese momento, ni siquiera había pensado en su peso. Tal vez, era hora de empezar el gimnasio, se dijo. 

Había quedado en almorzar con su novio. Ella lo quiso invitar al restaurante favorito de ambos, porque él tuvo una semana difícil y le dijo que necesitaba un respiro. Ella se pidió una ensalada, él un sándwich. Charlaron sobre sus cosas y, cuando ya estaban listos para irse, fue Julia la que pidió la cuenta. El mozo se acercó con el ticket, apenas unos minutos después. “Caballero”, dijo antes de entregárselo a él. Julia fue la que pagó. 


Ana, Lara, Martina y Julia representan lo que todas las mujeres viven a diario, en los diferentes ámbitos de sus vidas. Los “micromachismos” están presentes en la sociedad de diversas formas y configuran una forma de opresión patriarcal muy sutil.

¿Qué son los micromachismos?

La definición de este término, acuñado en 1990 por el psiquiatra Luis Bonino, se puede resumir en ‘microprácticas’ de dominación y violencia machista que tienen como base la idea de que la mujer es, en algún sentido, inferior al hombre, tal como afirma Sofía Gual, autora de la tesis de grado Micromachismos, una experiencia transmedia. 

Estas prácticas se dan en el ámbito de lo cotidiano y están naturalizadas por el común de la gente, por lo cual son difíciles de percibir como tales. 

Sofía agrega que los micromachismos no son solamente ejercidos por los hombres, «sino que las mujeres también reproducimos conductas, discursos y comportamientos que tienen como base el machismo«. De esta manera, se generan discursos de competencia entre las mujeres que descalifican actitudes y comportamientos de otras.

¿Cómo afectan a las mujeres?

Detrás de los micromachismos, se esconden ideas que afectan a la mujer en sus diferentes ámbitos cotidianos: «en las relaciones de pareja, a la hora de estudiar una carrera, trabajar, planificar una familia, desarrollar hobbies«, ejemplifica Sofía.

De esta manera, las mujeres atraviesan distintos estados: culpabilización, agotamiento de reservas emocionales, deterioro de la autoestima y sentimiento de derrota. La desmoralización que producen las microviolencias lleva a la mujer a un estado general de inseguridad que influye en su desarrollo personal, profesional, emocional.*


Sofía nos ayuda a dilucidar una conclusión y a comprender las implicancias de que se perpetúen estas prácticas machistas en la sociedad:

El problema de base de los micromachismos es que legitiman y preparan el terreno para formas más graves de violencia machista. Por ejemplo, es alarmante la cantidad de mujeres que reportan haber sido acosadas por hombres en la calle, en el transporte público, en el boliche (hombres que se exhiben, que las tocan, que las siguen). Que haya tantas mujeres con estas experiencias implica que, del otro lado, hay muchos hombres que se sienten con la libertad de actuar de este modo.

¿Cuál es la lógica detrás de que se cuestione a la mujer que denuncia un abuso años después de que ocurrió? (Cuando Calu Rivero contó que tuvo que dejar su trabajo como actriz en una tira porque su compañero, Juan Darthés, se propasó en reiteradas oportunidades y nadie hizo nada, se la acusó de buscar fama) ¿Cómo es posible que en una violación se hable de la manera en que la víctima estaba vestida? (Como conductor de uno de los noticieros más importantes de la TV argentina, Nicolás Repetto le preguntó a una joven que grabó a un hombre que se masturbaba frente a ella cómo era posible estar a la una de la mañana ‘vestida sexy’) ¿Cuál es la lógica de que, después de un femicidio, se hable de la vida sexual de la víctima? 

La lógica es, claro, la misma: la de una sociedad de base machista hasta en los más mínimos aspectos. El resultado es que, hasta que no visibilicemos y desterremos todas estas concepciones y prácticas, la mujer todavía va a ser presa de su condición de mujer.


En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, repensar nuestras prácticas cotidianas es fundamental para comenzar a erradicar los pequeños machismos que viven entre nosotros y que son la semilla para formas de violencia mucho más graves.

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