A 131 años del fallecimiento de Sarmiento, quién fue «el padre del aula»

Definitivamente, en Domingo Faustino Sarmiento se corporiza la imagen del educador por excelencia. Te dejamos un breve recorrido de su lucha por, entre tantas cosas, la educación pública

Cada 11 de septiembre, las instituciones educativas de la Argentina y de todo el continente americano, celebra el Día del Maestro, en conmemoración del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, conocido como «El padre del aula», quien pasó a la inmortalidad en 1888.

Si bien su relevancia y acciones a favor de la educación en nuestro país fueron muchas desde que asumió como Gobernador de la Provincia de San Juan entre los períodos de 1862 y 1864, recién en el año 1943 la Primera Conferencia de Ministerios y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, resolvió decretar el día de su muerte como el Día del Maestro.

«Que ninguna fecha ha de ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, en el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento», señalaron en ese momento los documentos que establecen la celebración.

Pero no sólo la razón fue homenajear a este prócer argentino, sino también reconocer la importancia que implica el trabajo y disposición de todos los maestros, maestras y docentes que día a día realizan su trabajo en las escuelas.

«Es actividad fundamental de la escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y la devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos», continúa la resolución.

«El padre del aula» por la educación pública

Un día como hoy pero de 1888, fallecía en la ciudad paraguaya de Asunción Domingo Faustino Sarmiento a sus 77 años. Un sanjuanino, político, escritor, docente, periodista, militar y estadista; un hombre que mantuvo entre sus principales preocupaciones una idea de educación pública que resultara para la época la vía de conducción del Estado argentino hacia el progreso y al culto de la civilización.

Es reconocido mundialmente como político, literario e intelectual, por su gran desempeño y trayectoria en Argentina: fue Gobernador de la Provincia de San Juan entre los períodos de 1862 y 1864, luego Presidente de la Nación Argentina entre los años 1868 y 1874, Senador por su provincia durante los años 1874 y 1879 y Ministro del Interior en el año 1879.

Mientras ejerció el cargo de Gobernador decretó la Ley de enseñanza obligatoria primaria; luego, como Jefe de Estado con todos sus esfuerzos consiguió triplicar la población escolar: de 30 mil alumnos, pasaron a ser 100 mil alumnos.

Creó numerosos establecimientos educativos, y espacios como la Academia de Ciencias, la Biblioteca Nacional de Maestros, la Universidad Nacional de San Juan, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el Observatorio Astronómico de Córdoba, entre otros establecimientos más. No contesto con esto, también se destacó por su contribución en el progreso científico y cultural del país.

Definitivamente, en Domingo Faustino Sarmiento se corporiza la imagen del educador por excelencia: «Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América», dijo Carlos Pellegrini, quien era vicepresidente de la nación en ese año, diez días después de su muerte, cuando su cuerpo llegó al Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires donde reposa rodeado de otros tantos próceres argentinos.

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