Apareció muerto en su celda: un subcomisario oriundo de Santa Rosa complicado por el testimonio de dos policías

En la segunda jornada del juicio por la muerte de un joven de 18 años en la comisaría de Morteros, un imputado cambió su testimonio y acusó de adulterar los libros de guardia a Guillermo Ludueña, quien era entonces el subcomisario de la dependencia policial

Mariano Rivera, un policía en actividad que presta servicio en la comisaría de Morteros incriminó seriamente al entonces jefe, subcomisario Guillermo Ludueña, oriundo de Villa Santa Rosa, por la muerte de Maximiliano Acosta. El joven de 18 años falleció el 2 de diciembre de 2011, en la misma dependencia policial.

Durante la segunda jornada del juicio que investiga la responsabilidad de dos policías, la causa dio un vuelco inesperado cuando los testigos se quebraron y, entre llantos, contaron cómo sucedieron los hechos aquel fatídico día, sumado a las amenazas que recibieron luego de la muerte del joven.

Entre los testimonios, el del cabo Mariano Rivera asombró a quienes estaban presentes. Su versión acusa a Guillermo Ludueña de haber adulterado el libro de guardia la tarde en que ocurrió la muerte de Maximiliano Acosta.

Rivera declaró que se encontraba de recorrida entregando notificaciones y patrullando, cuando a las 18 horas del 2 de diciembre de 2011, el jefe de guardia, sargento Clemente Sánchez, le ordenó regresar a la base:

«Entro el móvil, me dirijo a la cocina y le entrego la tabla con las notificaciones que faltaban por entregar a Sánchez, éste me indica que me retire al descanso», dijo el suboficial y junto a la cabo Carina del Valle Ludueña, la otra imputada, se retiraron a los dormitorios que hay en la dependencia.

«A las 20.45 me despierta Sánchez zamarreándome mientras me decía que se ahorcó el preso«, siguió Rivera su testimonio, y agregó que no tenía conocimiento que hubiera un detenido en la comisaría.

Inmediatamente, según su relato, se dirigió a la guardia y «veo que en el libro figuraba que yo había controlado al detenido en distintos horarios, lo cual no era cierto porque desde las 18 me encontraba descansando«.

«La busqué a la cabo Carina Ludueña y le pregunté si ella había escrito el libro, a lo que me dice que quien había estado escribiendo era la cabo Lorena Ludueña y que lo había hecho por orden del subcomisario Guillermo Ludueña, jefe de la comisaría«. El uniformado añadió que la cabo Lorena Ludueña le dijo que el subcomisario la había obligado.

Siguiendo con su relato, Rivera informó que se dirigió hacia la oficina del comisario y observó, a través de los vidrios esmerilados, que había una especie de reunión. Al golpear la puerta, el jefe de unidad le dijo, de mal modo, que espere.

«Cuando logro hablar con él, le digo por qué en el libro de guardia han asentado que yo lo controlé al detenido Acosta cuando no tenía conocimiento de que hubiera un aprehendido, me responde que él era quien daba las órdenes, me toma del brazo y me dice ‘vos va a decir lo que yo te diga si no te voy hacer mierda y te voy a reventar la cabeza'».

El testimonio del cabo Mariano Rivera causó asombro en la sala, a tal punto que el imputado Alejandro Darío Romano (37) rompió en llanto. En la sala, familiares del joven fallecido también lloraron al escuchar el testimonio del policía. Ante esta situación, el juez Claudio Requena, ordenó un cuarto intermedio.

Sentencia

El martes último, el abogado que representa a la familia del joven de 18 años, Gustavo Utrera Ramos, solicitó que se citara a comparecer al médico que informó la autopsia del cuerpo de Maximiliano. Sin embargo, el tribunal desestimó el pedido. La fiscalía y los policías insistieron durante años que el joven se había suicidado, pero la familia nunca creyó en esa versión.

Gustavo Utrera Ramos, abogado querellante

Si bien se esperaba que el miércoles se continúe desarrollando el juicio en tribunales de San Francisco, la querella solicitó que se postergue para este jueves a partir de las 9.

Los abogados defensores, que intentan demostrar que Maximiliano Acosta no se suicidó, solicitaron la comparecencia de dos testigos: una persona que esa tarde habría escuchado gritos y golpes en el sector de detenidos de la Comisaría, y a un oficial de policía de apellido Molina. Tras su declaración, se proseguirá con los alegatos.

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