Cómo se originó la famosa frase «Salvado por la Campana»

Entre lo comprobable y la leyenda

Somos muy curiosos, y saber el origen de algunas palabras, modismos y expresiones, nos lleva no sólo a anclarlas en un tiempo y lugar, sino a darnos cuenta de qué manera a través de los años, se van desprendiendo de ese origen para generalizarse en su uso. El lenguaje no sólo nos construye, sino que lleva historias a lo largo de los siglos.

¿Quién no dijo alguna vez la frase «salvado por la campana»? Para expresar haber «zafado» de una situación incómoda o problemática, o cuando algo o alguien interrumpe un momento «tenso».

Una de las versiones más populares se remonta a mediados del siglo XIX, cuando la catalepsia se popularizó no sólo como una enfermedad que llevaba a enterrar personas vivas, sino por las fascinantes obras literarias de Edgar Allan Poe (Berenice, El Entierro Prematuro) que nos llevaban de lo

Ilustracion de El Entierro Prematuro, Edgar Allan Poe

paranormal a lo real. Sucedía pues, que debido a los muy recientes avances de la medicina de esos tiempos, muchos de los síntomas de la catalepsia, como rigidez corporal, falta de respuesta a estímulos, pulso y respiración muy lentos e imperceptibles y palidez, se confundían con la muerte y causaban el entierro de personas vivas.

Estos hechos llevaron a cierto inventor estadounidense, Franz Vester, a diseñar ataúdes que extendieran desde su interior hacia el exterior, una cuerda que unía la muñeca del supuesto difunto con una campana, de modo tal que, llegado el momento pudiera dar aviso de estar vivo desde el cajón. De allí que al «sonar la campana», el cataléptico, cuya muerte era inminente debido al equivocado entierro, pudiera salvar su vida.

Si bien esta historia cabe como guante a la expresión, no existe manera de comprobar el uso de la afamada frase a partir del invento, ni mucho menos su posterior generalización. Al menos hasta el momento no hay registros escritos de que se usara «salvado por la campana» para referir a los pobres catalépticos. Además pienso que una solución más económica que comprar los novedosos ataúdes, hubiera sido esperar más días para el entierro, aunque no cabe duda del ingenio del inventor.

Ahora bien. La otra versión más creíble aunque menos pintoresca, deviene del uso deportivo de «salvarse por la campana» en la disciplina de Boxeo. De hecho, el sonido de la campana avisa a los boxeadores cuándo inicia y finaliza cada round. En este deporte, una de las reglas es que, cuando uno de los contrincantes cae al suelo, el árbitro comienza un conteo hasta diez, y si hasta entonces el luchador no logró ponerse de pie, se considera vencido por knock out (K.O). Si la campana sonaba antes de finalizado el conteo, se daba por terminado el round. Esto «salvaba» al peleador caído de perder por knock out, y le daba chance de continuar en el siguiente asalto.

Si bien esta regla ya quedó en desuso (la campana sólo puede sonar luego de que el árbitro considere que el el boxeador se encuentra en buen estado físico para continuar), puede rastrearse la frase «Save by the bell», original en inglés, desde la segunda mitad del siglo XIX, a la par de los orígenes del Boxeo. Aparece escrita en el periódico de Massachusetts «The Fitchburg Daily Sentinel», en la crónica de la pelea Flaherty-Burns de 1893.

Sea la campana que suena en el ring o la que activa «el muerto vivo» para pedir ayuda desde su ataúd, lo cierto es que muchas «campanas» nos han salvado de situaciones inimaginables. Hasta la más reciente «campana» del recreo nos salvó de tediosas clases de Química.

Categorias
Sociedad

NOTAS RELACIONADAS