Día del Bibliotecario: por qué se celebra al guardián del libro el 13 de septiembre

Con un gran protagonismo de Mariano Moreno y la Junta de Mayo, un día como hoy pero de 1810 se inauguraba la primera Biblioteca Pública
Foto: Biblioteca Nacional Argentina

Un 13 de septiembre pero de 1810, una edición de la «Gaceta de Buenos Aires» anunciaba la creación de la primera Biblioteca Pública, junto con los nombramientos de los primeros bibliotecarios oficiales. Sin embargo, recién 144 años más tarde, en 1954, se instituyó este día como el «Día del Bibliotecario».

En medio de una nueva era de Independencia de la República, aquella biblioteca de 1810, fue creada por la Junta de Mayo en la ciudad de Buenos Aires, allí se nombró al Dr. Saturnino Segurola y a Fray Cayetano Rodríguez como los primeros bibliotecarios oficiales. Hoy, se trata de la Biblioteca Nacional.

A cargo del puño de Mariano Moreno, uno de los referentes de la Primera Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo, el artículo de la Gaceta de Buenos Aires llevaba el título de «Educación». En este contexto, esa fecha tiene un gran valor histórico y cultural, porque la Biblioteca Nacional fue creada e inspirada por el prócer Mariano Moreno.

El oficio del bibliotecario se encuentra indisolublemente unido al origen del libro como producto cultural, que contiene el registro gráfico del conocimiento y como medio de comunicación a largo plazo. Así, resulta importante reconocer a estos profesionales de la información, que organizan y ayudan a las personas a acceder a la información que necesiten, en cualquiera de sus formatos.

A continuación, te dejamos un poema escrito por Danilo Sánchez Lihón, poeta, narrador y ensayista perueno, con una vasta obra literaria y pedagógica:

«El ser bibliotecario, más que una profesión, es un arte, una manera de ser frente al mundo, un estado del alma, y una militancia en el campo de la cultura.
Es el profesional que dedica su vida a dirigir a otros en la búsqueda de la información y el conocimiento.
El profesional bibliotecario tiene una de las actividades más sobresalientes, cimeras y hasta sagradas de la humanidad, porque son los bibliotecarios los guardianes del templo, en quienes se ha confiado las llaves que abren y cierran el tabernáculo del saber y los postigos de las grandes catedrales de las artes y las ciencias»

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