Epecuén, la laguna argentina que se cubrió de «nieve salada»

Un manto de sal cubre desde este domingo las costas del Lago Epecuén, ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires

En la última semana, justo en paralelo con la semana del Medio Ambiente, un fenómeno poco común en toda la Argentina se produjo en la Laguna Epecuén, ubicada en la localidad bonaerense de Carhué, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Se trata de la aparición de «nieve salada», un suceso que sólo se produce bajo determinadas condiciones naturales.

Para explicar este proceso, decidimos hablar con la directora de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Adolfo Alsina, Tamara Guereño, quien explicó que la presencia de estos cristales de sal se debe a la «combinación de sulfato de sodio y las bajas temperaturas que registramos en los últimos días».

Epecuén carga una larga historia de inundación, ruinas y turismo, que lo llevó a ser reconocido a nivel nacional e internacional. Entre sus motivos, los beneficios termales y las características particulares que brotan de sus aguas. Se trata de uno de los lagos más salados del mundo -junto con el Mar Muerto (Asia)-, y el único de estas magnitudes en Sudamérica.

«En este momento, una de las tantas sales que hay disueltas en el agua es el sulfato de sodio», explica Guereño, y agrega que para que aparezcan sus cristales «debe hacer mucho frío y tiene que tener muy altos niveles de concentración que en este momento son 200 gr. de sales sueltas por litro de agua».

«Cuando las temperaturas de esta gran solución química que es el Lago Epecuén baja, alguna de sus sales empiezan a precipitar, es decir, comienzan a unirse en forma de cristales y se observan en los bordes», explica Guereño. Esta semana, en la zona cayeron las primeras heladas y los cristales aparecieron.

Pero este fenómeno natural no es nuevo, ya que desde 1985, cuando una fuerte sudestada tapó la Villa Epecuén, turística desde hacía mucho tiempo, y se hundió bajo ocho metros de agua, la sal comenzó a brotar de manera escalonada.

Según la directora de Ambiente y Desarrollo Sustentable municipal, después de la inundación, cuando comenzó a bajar el agua, hubo diferentes picos, «dependiendo el nivel de concentración de sales que contenía el lago». Sumado a esto, antes estos cristales eran utilizados para realizar sal de mesa, pero posteriormente se confirmó que no son aptos para el consumo humano.

«Se viene dando todos los años y se va a dar aún más», detalla Guereño y explica que este fenómeno «es un indicador de que tenemos una gran concentración de sales, aunque uno la nota cuando se mete para refrescarse en el verano y flota».

Es que, además de esta atracción turística invernal que este año pueden admirar solo los residentes de la zona por la situación de pandemia, en la temporada de verano las particularidades del agua, el paisaje y los beneficios terapéuticos que brotan del lago, provoca que cientos de turistas elijan el Lago Epecuén Carhué para vacacionar.

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Lic. en Comunicación Social- Facultad de Ciencias de la Comunicación- Universidad Nacional de Córdoba

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