Estudiantes de Odontología denuncian corrupción en la cátedra de Microbiología

El titular de la cátedra sólo aprueba a los que pagan una academia que maneja él. Además, los jóvenes denuncian sus malos tratos y el abuso de autoridad que ejerce sobre los otros docentes

Al poco tiempo de ingresar a la carrera, los estudiantes de Odontología se encuentran con un panorama que seguramente no esperaban hallar en una casa de estudios tan prestigiosa como la Universidad Nacional de Córdoba. Y es que, para aprobar la materia Microbiología de segundo año, deben pagar una academia aparte que pertenece al titular de la cátedra, Luis Augusto Olmedo.

La situación, que lleva más de dos décadas desarrollándose, es bien conocida en todos los pasillos de la facultad y está naturalizada entre los alumnos y profesores. Sin embargo, ni unos ni los otros disponen de herramientas efectivas para hacer frente a la impunidad que goza la persona detrás de todo esto. 

Los estudiantes se debaten entre pagar y sacarse la materia de encima o esforzarse para conseguir la nota por mérito propio. Sin embargo, esta última opción resulta imposible, ya que el titular tiene una lista con los alumnos que van a la academia y solo aprueba a esos. En diálogo con Hablando Claro, más de una decena de alumnos y egresados contaron sus experiencias vividas mientras cursaban la materia.

“Es un desgaste físico y emocional todo, la cursada y el ir a rendir. Estás ahí como en un aprieto de que no querés alimentar ese curro, porque es horrible, pero también te encontrás atrapada por el hecho de que te trabás y perdés años”, relata una estudiante de tercer año, mientras que otra agrega: “Tengo una amiga que, por no ir a la academia, fue a rendir el final cinco veces. La bocharon en todas y después terminó pagando. Así la sacó”.

Las irregularidades de la situación no son pocas. Los universitarios cuentan que todos los años la “academia” tiene una persona diferente a cargo y nunca está en el mismo lugar. “Cuando yo fui, quedaba en la calle Obispo Oro, pero antes había preguntado y estaba en lugares distintos. Es decir que no se mantenía en el mismo sitio”, detalla un alumno. Otros testimonios la ubican en el subsuelo de una galería sobre calle Chacabuco y otros en la intersección entre Ituzaingó y Colombia.

La modalidad en la que opera es realmente patética. Los alumnos explican que hay tres formas diferentes: pagar mensualmente durante todo el año y cursar de manera paralela a las clases en la facultad; pagar todo junto a modo de «curso intensivo» si quedaste regular; u optar por rendirla libre y asumir el costo del precio más alto. El año pasado, un curso para regulares costaba 28 mil pesos. «Nos hacían pagar del 1 al 10 y si te atrasabas, nos amenazaban con que nos iba a sacar del grupo de WhatsApp».

Además, denuncian que en este lugar ni siquiera se enseñan contenidos relevantes para la materia. “El tipo que da clases solo pasa diapositivas que tenemos que copiar y, si le preguntas alguna duda, solo sabe lo que esta escrito en la diapositiva”, dice uno de los estudiantes que pagó la academia. Otra alumna coincide con este relato al afirmar que el profesor «no sabe ni explicar». «Si le preguntas algo, simplemente te responde que vuelvas a leer el apunte».

«Tengo el recuerdo de salir de esa academia con una angustia y unas ganas de llorar porque no aprendíamos nada y encima, te trataban re mal».

En este sentido, una egresada que cursó la materia en 2007 agrega que los apuntes de la academia eran «súper reducidos en relación al libro de la cátedra» y que, incluso, el profesor les decía qué párrafos había que estudiar para poder aprobar. No sólo eso, sino que muchos jóvenes afirman actualmente que, desde la academia, les pasan las preguntas exactas que van a tomar en los exámenes.

Una estudiante relata que, una vez, una chica compartió las preguntas con el resto de sus compañeros pero Olmedo se enteró y las cambió. «Es como un pacto que no se dice pero está: si vos vas a la academia, no podés pasar las preguntas. Es como una secta. La chica pasó las preguntas, pero cuando fuimos a rendir, el titular se había enterado y las preguntas del examen no eran nada que ver a las que nos habían dado en la academia».

Los estudiantes que pagaron y fueron a rendir el examen final cuentan que los aprueban enseguida, mientras que aquellos que decidieron presentarse sin haber pagado expresan la impotencia que sintieron al escuchar las preguntas absurdas que les hacía el titular de cátedra.

«Me tomó un tema que nada que ver con la bolilla que me tocaba. Encima ese tema correspondía a un anexo que era un tema de libres y yo era regular. Salí re enojada y me largué a llorar, porque además me trato re mal», dice una de las estudiantes. Ella se presentó a rendir cinco veces y finalmente la aprobó porque tenía contactos con un conocido de él. De hecho, muchos cuentan que a los hijos de sus allegados los aprueba sin siquiera tomarle examen. Una de las entrevistadas relata que, cuando un compañero contó de quién era hijo, Olmedo le respondió: «Pero cómo no me dijiste antes, te hubiese aprobado».

Si bien los docentes de la cátedra están al tanto de todo y se oponen a ello, no hay mucho que puedan hacer debido al abuso de autoridad que ejerce el hombre. “Los profes tratan de darnos una mano, pero sólo el titular tiene acceso a los parciales y los hace muy difíciles para que todos queden libres y vayan a la academia”. El año pasado, incluso, crearon una cátedra B, pero el problema es que hay pocos cupos y es muy difícil lograr inscribirse.

Esta situación se remonta a más de 20 años atrás y poco ha cambiado en todo este tiempo. «Mi papá es odontólogo, se recibió en el año 1993 y todo esto ya viene desde que él cursaba. En esa época, todavía no era titular pero estaba como profesor», cuenta una de las jóvenes con las que conversó Hablando Claro.

Una alumna relató que muchas veces tuvo ganas de hacer una denuncia, pero nunca se animó por miedo a que “tome represalias”. Otra chica cuenta que una vez tuvo que ir a entregar el dinero a Tribunales 2 porque allí trabajaba la esposa del supuesto sobrino del titular. “Ahí entendí por qué todas las denuncias en su contra nunca llegan a nada”, infirió. Y agregó: «La mujer me prohibió que la mire a la cara y me pidió que no cuente que ella trabajaba ahí».

Los estudiantes de odontología se encuentran así en un escenario donde reina la manipulación, los malos tratos y la humillación. Al estrés que implica llevar a término una carrera universitaria, se le suma la angustia de verse atrapado en medio de una situación que no pueden controlar.

Según algunos testimonios de los que están cursando la materia ahora, la virtualidad mejoró un poco las cosas, ya que los profesores están teniendo más acceso y los parciales son más «normales». «No sé si es porque el titular ya es mayor y capaz no sabe manejar la tecnología, pero a muchos nos esta yendo bien», cuenta una alumna. Sin embargo, también hay quienes dijeron que no se animan a rendirla ahora porque él dijo que no los iba a aprobar «si no iban a algún lado a estudiar».

Llama la atención que, siendo una realidad bien conocida por todos los que integran la institución, no se hayan tomado cartas en el asunto desde los rangos más jerárquicos. Luis Augusto Olmedo continúa ejerciendo su profesión con total impunidad, mientras los estudiantes sortean todo tipo de obstáculos para lograr recibirse.

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