Güemes: un icono de Córdoba que ya no es el de antes

Después de 110 días, los bares y restaurantes de la Capital volvieron a abrir. En esta crónica, te contamos cómo es la nueva realidad de uno de los barrios más activos de la noche cordobesa

Unas horas antes del comienzo de la cuarentena obligatoria en Argentina, desde la ventana, observaba con incertidumbre cómo los bares que veía a diario, cerraban sus puertas sin saber hasta cuándo.

En los rostros de los empleados que guardaban las mesas y sillas, podía notar la preocupación que los invadía por su futuro y el de su lugar de trabajo. Después de 110 días, los bares y restaurantes de la Ciudad de Córdoba volvieron a abrir, aunque no todos pudieron hacerlo. 

En el primer día de apertura, regresé a las calles del tradicional barrio Güemes, un icono de la ciudad que hizo de sus antiguas edificaciones un lugar de encuentros acompañados de música, comidas y tragos, convirtiéndose así en uno de los sitios más activos de la noche cordobesa y por esta razón, uno de mis favoritos. 

Entre carteles de bienvenida, globos y promociones, sus clásicos bares y restaurantes regresaron bajo un estricto protocolo de bioseguridad. El uso obligatorio de mascarillas, sanitizantes en las entradas, y alcohol en gel en cada mesa, fueron algunas de las medidas de higiene que pude dar cuenta.

Al volver a caminar su calle principal, General Manuel Belgrano, entendí que esas noches iban a tardar un poco más de tiempo en volver a ser las mismas. Es que más allá de lo difícil que es acostumbrarse a nuevas reglas, se siente ese temor generalizado al roce con el otro, un sentimiento que nos va a costar soltar.

Recuerdo que Güemes por las noches era ese lugar que te obligaba a hacer zic zac al caminar sobre la vereda por la cantidad de personas que transitaban. La verdad, lo echo de menos. Ahora, las veredas parecen ser más grandes y cada vez que nos cruzamos con algunas personas bajamos del cordón cuneta o esperamos que pasen, evitando así ese desconfiado roce.

Además, los bares ya no retumban por el ruido generado de las charlas que se entrecruzan. Por momentos, el barrio se cubre de pequeños instantes de silencios que dan cuenta del reducido número de personas que se animan a disfrutar de la noche.

Antes de ingresar a uno de los bares para reencontrarme con mis amigas, me tomó por sorpresa esa ansiedad de no saber con qué me iba a encontrar y cómo debía actuar al respecto, aunque ya sabía de las medidas que debía cumplir. 

Ingresé, me coloqué alcohol en gel sobre las manos y completé una planilla que solicitaba datos personales y preguntaba sobre la actividad realizada en los últimos 14 días como cantidad de personas con las que me he reunido, si hice viajes al exterior, entre otros puntos. Si el año pasado me planteaban una situación así, me hubiese parecido una broma.

Definitivamente, Güemes no es el mismo de antes. Pero, el entusiasmo de los promotores al ofrecerte pasar a un bar, las miradas exaltadas de alegría de ese grupo de amigos que vuelve a reunirse en su lugar favorito o quienes disfrutan de la soledad con un trago o café de por medio, hacen que la chispa de este barrio continúe encendida. 

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