Pilar: Confirman que los restos hallados pertenecen a «Chicha» Escobar

La búsqueda de la mujer, oriunda de Pilar, se centró en el río Xanaes y su ribera
Gentileza La Voz

A nueve meses de su desaparición, se confirmó que los restos óseos encontrados en la costanera del río del Pilar pertenecen a Julia «Chicha» Escobar. La mujer de 75 años, que padecía de Alzheimer, estaba desaparecida desde el 6 de diciembre pasado cuando salió del geriátrico «Los Abuelos» de la localidad de Pilar.

Los restos de la mujer fueron encontrados por un vecino, el pasado 2 de mayo, cuando éste bajaba al río. Estaban en una pequeña laguna cercana a un peladero de pollos ubicado sobre calle Amadeo Sabattini.

El sitio está a unos tres kilómetros del geriátrico en el que estuvo internada la mujer. Se presume que llegó hasta allí caminando, probablemente durante la misma jornada en la que se fue del lugar.

Los perros de rastreo pasaron varias veces por allí, pero sin advertirlos. Los investigadores creen que el fuerte olor de esa zona pudo haber impedido la eficacia de rastreo de los canes.

Según el informe de ADN que realizó el Equipo de Antropología Forense (EAAF), la mandíbula del cráneo encontrado coincide en un 99 por ciento con la muestra de sangre de una de las hijas de Escobar.

Sin embargo, la abogada de la familia, Sandra Benítez, no se mostró conforme: “El informe se contradice con las muestras odontológicas y con otros estudios”, señaló Benítez al medio local Periodismo Regional y pidió que se realicen estudios más profundos.

Por la muerte de Escobar, la fiscalía de Río Segundo imputó a la dueña del geriátrico, Marisa Martínez, por el delito de homicidio culposo. Hasta aquí el caso había sido caratulado como desaparición de persona.

Sin embargo, Carina Peralta, hija de Escobar, apuntó siempre contra la titular del geriátrico. “Ella es la principal responsable por no cuidarla”, declaró en varias ocasiones.

La búsqueda de Escobar había cesado hacía unos meses. A “Chicha” la buscaron buzos, perros de rastreo, bomberos de distintas ciudades, civiles, personas a caballo y gente especializada. También se utilizaron helicópteros y drones para rastrear caminos, campos, baldíos y taperas. Incluso, se utilizó a ayuda de un “vidente” que había señalado que la mujer podría haber sido abandonada en un campo.

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