Santiago Temple: Torturas, muertes y trata de mujeres

Después de 25 años, una mujer se animó a relatar el calvario que vivió en carne propia

Veinticinco años después, una sobreviviente de un trágico suceso se animó a contar las atrocidades que tuvo que vivir en un prostíbulo de Santiago Temple, a manos de «Pipi» Gonzalez, «Ñoño» Frócil y un medio hermano de éste.

La radio FM 90.7 reprodujo al aire los audio de esta joven que, para preservar su identidad, permaneció en el anonimato.

En su relato, cuenta que estas tres personas prostituían, compraban y vendían mujeres, torturaban y hasta mataban con total impunidad. Los proxenetas son la misma familia dueña de la Whiskería donde aparecieron los restos de  Carina González, y donde se cree que podría haber estado Marita Verón.

«Yo me casé a los 16 años con Fabián Martínez, que es sobrino de «Pipi» González. Quedé embarazada, tuve una nena, y cuando mi hija nació, mi marido me dijo que tenía un tío que tenía un bar, que él iba a trabajar y nos íbamos a mudar todos a Calchín -localidad ubicada en el Departamento Río Segundo-« comenzó contando esta joven.

A partir de allí, comenzó un calvario que duró más de dos años. «Como yo no quería acostarme con ningún hombre, he recibido muchas veces mucho golpes con culatas de pistolas, con las cuales me amenazaban y golpeaban» detalló.

Después de unos meses, la joven fue llevada a una whiskeria de Santiago Temple, y allí «el padre mi hija me vendió. Hablando de plata de ahora creo que serían 7000 pesos que necesitaba para pagar una moto», cuenta.

Con la voz entrecortada y un dolor enorme guardado por demasiados años, la mujer relató cómo cientas de chicas eran engañadas para ser llevadas a ese lugar.

«A la mayoría de las chicas jóvenes las había conquistado un tipo que le prometía una mejor vida, las sacaban de su pueblo, las llevaban lejos y las vendían».

Y agrega que a las chicas «sumisas» no las vendían, «pero si te revelabas había chicas que desaparecían, las escuchabas gritar pero no te dejaban salir de la habitación«.

Lo más impactante de su relato es que las autoridades locales tenían pleno conocimiento de lo que sucedía en aquel establecimiento. En su testimonio, ella cuenta que, cuando estaban lastimadas, venía un médica a verlas y «estaba pago para que no diera datos de ninguna de nosotras». Incluso, mencionó al intendente de la localidad en aquella época.

«En el tiempo que yo estuve, iba hasta el intendente y su hijo a buscar sus servicios gratis a cambio de no clausurar la whisquería», contó.

Ya quebrada emocionalmente y entre lágrimas, la mujer detalló lo que habría sido un homicidio, cuya víctima habría sido una menor de edad.

«El caso que más me marcó fue el de una chica en Santiago Temple, que en ese tiempo habrá tenido mi edad, 17 años. Lloró tres días seguidos, no trabajaba, la encerraban con clientes en la pieza y ella los golpeaba los mordía. Así que una noche la golpearon mucho, la llevaron al patio, y obvio que no nos dejaron salir, pero se escuchó un tiro y uno de los mozos entró a buscar una pala y nunca más la vimos, esa fue la primer tumba que nosotras descubrimos, que yo personalmente vi. Estuve prácticamente dos años ahí y en total conté cinco tumbas» describió.

La joven sobreviviente logró salir porque llegó a un arreglo con el hermano de Pipi Gonzalez, «él fue el que me compró». El arregló consintió en que ella trabajara hasta pagar tres veces el valor de lo que el hombre pagó por ella.

«El día en que pagué el último peso, me fui sin ropa, sin documento, sin plata, sin nada, con la condición de que nunca podía hablar con nadie lo que había visto, lo que había vivido ahí adentro».

Sólo volvió a tener contacto con esta familia para poder recuperar a su hija, pero nunca pudo hacerlo. «Al estar encerrada casi 2 años en la whisquería, la Jueza de Menores me quitó la patria potestad y yo como tenía miedo nunca le dije a la jueza donde estuve».

Además, se refirió al caso de Carina González, la mujer encontrada en un pozo de basura de la whisquería de Santa Rosa de Río Primero. «Era una niña cuando yo estaba ahí, la madre cuando venía a sacar cuentas de las ganancias y de lo que habíamos trabajado, traía a la nena y hacía los deberes con nosotros mientras tomábamos mate, era una nena muy simpática muy bonita».

Cuando, por fin, pudo acercarse a la justicia y contar la verdad, se encontró con la frialdad de una jueza, quien le dijo que «nadie estaba en ese lugar porque no quería y que como madre tendría que haber hecho lo imposible para salir de ahí y recuperar a mi hija».

La mujer contactó a su hija, «pero ella no quiere contacto conmigo, siente vergüenza». Además, siente miedo porque toda la familia es González, los culpables de todo su sufrimiento.

«Mi hija tiene hijos, o sea que soy abuela pero tampoco los conozco», cerró su testimonio casi sin poder hablar, en medios de lágrimas que marcaban un profundo dolor.

Si sos víctima o conocés a alguien que sufra violencia de género llamá al 144 las 24 horas.

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