Estados Unidos ha relajado temporalmente las sanciones sobre el petróleo ruso ya embarcado en barcos en alta mar.
Una medida destinada a calmar un mercado global de la energía sacudido por la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán.
Pero ¿realmente ayudará, o solo engordará la billetera de Putin?
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, subrayó que la medida es «a corto plazo» y está destinada a apoyar la estabilidad del mercado, no a enriquecer a Moscú.
Sin embargo, el enviado económico de Rusia, Kirill Dmitriev, argumentó que es prueba de que el mundo «no puede permanecer estable sin el petróleo ruso».
El momento no podría ser peor. Ataques en el Golfo, petroleros bloqueados en el estrecho de Ormuz y un nuevo líder iraní que jura mantener cerrado ese paso han llevado el petróleo por encima de los 100 dólares por barril.
Alrededor de una quinta parte del petróleo mundial fluye a través de ese cuello de botella, lo que significa que barcos varados equivalen a una crisis de suministro en crecimiento.
Reacciones adversas al alivio de sanciones
Los críticos advierten que la medida podría darle aún más impulso a Rusia. El ex financiero Bill Browder la calificó de «una decisión terrible que enriquecerá a Putin y prolongará la guerra en Ucrania».
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski coincidió con la preocupación, calificándola de «un golpe serio» que podría ayudar a Rusia a comprar más armas.
Mientras tanto, naciones desde Japón hasta Filipinas están imponiendo topes a los precios de los combustibles o reduciendo la jornada laboral para hacer frente.
Incluso con exenciones temporales, el juego global de la energía sigue siendo impredecible.
Entonces, la gran pregunta: ¿logrará el alivio de sanciones calmar el mercado, o solo avivará un mayor caos geopolítico?