¿Podría Islamabad convertirse en el escenario improbable de uno de los enfrentamientos diplomáticos más tensos del mundo? Podría ser.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha aterrizado en Pakistán para unas conversaciones poco comunes y de alto riesgo con los líderes iraníes.
Las negociaciones se desarrollan bajo la frágil cobertura de un alto el fuego de dos semanas en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Fue recibido por Ishaq Dar y el jefe militar Asim Munir; la visita de Vance señala algo más que diplomacia: es una prueba.
¿Puede el diálogo tener éxito donde semanas de conflicto no pudieron?
Las apuestas son enormes. Irán, encabezado en las consultas por Mohammad Bagher Ghalibaf, llegó a la mesa solo después de asegurar condiciones clave.
Una pausa en los ataques israelíes en Líbano y el acceso a miles de millones de dólares en activos congelados.
“Si se cruzan esas líneas —advirtió un funcionario—, las conversaciones quedan desactivadas.”
Estancamiento en las conversaciones nucleares
Mientras tanto, Washington quiere límites al programa nuclear de Irán. Teherán quiere que se levanten las sanciones. ¿Y ambas partes? Siguen profundamente desconfiadas.
Incluso Donald Trump adoptó un tono directo, advirtiendo a Irán que no le quedan “muchas cartas”.
Analysts dicen que no esperen milagros. En el mejor de los casos, esto podría sentar las bases para futuras negociaciones.
¿Y en el peor de los casos? Una ruptura que haga que las tensiones se eleven de nuevo.
Así que aquí está la pregunta real: ¿es este el inicio de una paz—o solo una pausa antes de la próxima tormenta?