En el sureste de Brasil, lluvias torrenciales han desatado una mezcla mortal de inundaciones y deslizamientos.
Al menos 23 personas han muerto y 47 están desaparecidas en el estado de Minas Gerais.
Las calles se convirtieron en torrentes desbocados, con los residentes aferrándose a postes de electricidad o haciendo señas de ayuda desde las ventanas.
Juiz de Fora soportó el mayor impacto, reportando 16 muertes y 43 desaparecidos, mientras que la cercana Uba registró siete muertos y cuatro desaparecidos.
Algunos barrios quedaron aislados por completo, con al menos 20 deslizamientos que hacen que la situación sea “extrema”, según la alcaldesa Margarida Salomao.
Perros rastreadores rastrillaron entre el barro y los escombros, acompañados por familias desesperadas que buscan a sus seres queridos.
Valtencir Coutinho compartió su angustia en TV Globo, aún con la esperanza de encontrar con vida a su hija Sophia, de seis años: “Estamos luchando por eso”, dijo.
Inundaciones Desplazan a Cientos
El río Paraibuna se desbordó, provocando el colapso de edificios y obligando a 440 residentes a abandonar sus hogares.
“Nadie quiere quedarse aquí”, dijo la propietaria de un restaurante local, Angelica Rezende Moreira.
“Estamos pidiendo ayuda tanto al gobierno estatal como al federal.”
El presidente Luiz Inacio Lula da Silva ha puesto a la defensa civil nacional en alerta máxima.
Prometió ayuda, refugios temporales y apoyo para la reconstrucción.
Salomao señaló que este febrero marcó un récord: 584 milímetros de lluvia en apenas unas semanas.
A medida que las aguas suben y las familias rezan por su seguridad, el desastre es un recordatorio contundente.
La naturaleza no negocia, y cuando golpea, las comunidades quedan luchando por sobrevivir.