Escondido entre un spa y una tienda de shawarma en las afueras de Toronto, se yergue un edificio que parece todo menos futurista.
Sin embargo, en su interior, Canadensys Aerospace prepara en silencio el primer viaje de Canadá a la Luna.
La empresa está construyendo un rover lunar de 35 kg—la primera misión de exploración planetaria liderada por Canadá.
¿Su tarea? Buscar agua, medir la radiación y sobrevivir a las brutales noches lunares que oscilan entre un calor abrasador y un frío mortal.
¿Cuáles son los desafíos?
«No es solo sobrevivir al frío», dice el director ejecutivo Dr. Christian Sallaberger, «es alternar entre un frío muy intenso y un calor muy extremo».
Ese es uno de los mayores desafíos.
Si suena a ciencia ficción, ese es el punto. «La gente se entusiasma con Star Wars o Star Trek,» añade Sallaberger. «Esto es la realidad.»
El rover, parte del programa Artemis de la NASA, aterrizará en el polo sur de la Luna, una región implacable donde los científicos esperan confirmar la presencia de agua.

El geólogo lunar Dr. Gordon Osinski explica las implicaciones: «El agua podría cambiar el juego».
No solo sirve para beber. Descomponiéndola, obtendrás combustible de hidrógeno. La Luna podría convertirse en una estación de servicio espacial.
Canadá ha soñado con esto durante décadas. Ahora, tras años de prototipos y contratiempos, finalmente está sucediendo.