¿Qué sucede cuando una aeronave de Vigilancia rusa vuela inusualmente cerca de un grupo de ataque de portaaviones de la OTAN?
En las heladas aguas del Mar de Noruega, ello provocó una respuesta militar inmediata.
El Reino Unido indicó que se desplegaron dos cazas F-35 tras que un avión de patrulla marítima Bear-F ruso se acercara repetidamente al HMS Prince of Wales a baja altura.
La aeronave vino “innecesariamente cerca” del grupo de ataque de portaaviones.
La aeronave también soltó 10 sonobuoys—sonobuoys flotantes de sonar usados para detectar submarinos, según el Ministerio de Defensa.
Luego ignoró los intentos de las fuerzas británicas de contactarlo a través de frecuencias de radio internacionales.
Los jets británicos escoltaron la aeronave fuera de la fuerza de tarea, que opera bajo mando de la OTAN cerca de Islandia.
Las tensiones aumentan tras el sobrevuelo ruso
El secretario de Defensa, Dan Jarvis, calificó el despliegue como vital para fortalecer la disuasión de la alianza.
Advirtió que las amenazas de hoy se extienden “debajo del agua, sobre el agua, en la tierra, en el cielo, en el espacio y también en el ciberespacio”.
Los mandos militares afirman que el incidente encaja en un patrón más amplio.
El Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Sir Richard Knighton, advirtió recientemente que Rusia ha estado “sondeando, desafiando, poniendo a prueba nuestras defensas.”
La OTAN cree que Moscú podría estar listo para usar la fuerza militar para 2030.
El encuentro también ha reavivado el debate sobre el gasto de defensa del Reino Unido.
Una cosa está clara: en el panorama de seguridad de hoy, incluso una pasada cercana puede enviar un poderoso mensaje geopolítico.