Ni Relatos salvajes ni El secreto de sus ojos: la mejor película de Ricardo Darín según los críticos

Ni Relatos salvajes ni El secreto de sus ojos: la mejor película de Ricardo Darín según los críticos

24 septiembre, 2026

La filmografía de Ricardo Darín es un mapa de obras que combinan precisión y magnetismo. Durante años, dos títulos han acaparado el foco, pero la crítica ha ido decantando una preferencia más silenciosa y a la vez contundente. En esa corriente, la película que mejor captura el pulso del actor y la artesanía del cine argentino no es la que muchos suponen, sino la que afila el género hasta convertirlo en carácter.

“En su aparente ligereza, es donde nace su trascendencia”, repiten quienes la revisitan con el paso del tiempo. Y es cierto: pocas cintas resisten tantas miradas con tanta elegancia.

Un veredicto crítico que sorprende

Entre críticos y programadores de festivales, el consenso se ha ido consolidando con discreción. La elección apunta a Nueve reinas, el thriller de Fabián Bielinsky donde Darín encarna a un estafador que parece inventarse a sí mismo en cada plano. Es una obra que, para muchos, define el techo de su versatilidad y de su carisma.

No es solo una “película de estafas”. Es un mecanismo dramático de precisión, una radiografía de confianza y de deseo, y un ejercicio de estilo que convierte la ciudad en un tablero de apuestas morales. “Ahí entendí que Darín podía ser cálido y peligroso en la misma mirada”, se escucha a menudo entre reseñas que aún suenan frescas.

Por qué Nueve reinas resiste el tiempo

Bielinsky compone un rompecabezas que es a la vez juego y retrato, con un Darín que sostiene la intriga con una naturalidad casi insolente. La película no envejece: se oxigena. He aquí algunas claves, repetidas en tertulias y en textos especializados:

  • Un guion de relojería que evita el subrayado y confía en el espectador.
  • Una puesta en escena que convierte lo cotidiano en suspenso.
  • La química entre Darín y Gastón Pauls, hecha de silencios y sutilezas.
  • Un montaje que respira, corta y sugiere sin trucos evidentes.
  • Buenos Aires filmada como un personaje cómplice, vibrante y ambiguo.

“Es un cine de miradas y de pasillos, de cafés y de fingimientos”, decía un crítico en una frase que resume la esencia. En lugar de gritar sus méritos, la película los susurra.

El arte del engaño y la verdad emocional

El Darín de Nueve reinas es camaleón y brújula. Puede mentir con una sonrisa y, aun así, invitar a creerle una vez más. Ese vaivén entre la trampa y la ternura construye una empatía extraña: queremos que el juego continúe, aunque intuimos el riesgo.

La puesta de Bielinsky construye la tensión desde lo pequeño: un gesto, un billete, un semáforo que parece contar el tiempo moral de los personajes. Allí, la interpretación de Darín es pura economía: cada microexpresión tiene un peso. “No actúa para el truco; actúa para la verdad del truco”, podría decirse, con justicia y sin exageración.

Un hito en la carrera de Darín

Muchos ven en esta cinta el momento en que el actor consolida su persona cinematográfica: astuto, cercano, irónico, pero con un núcleo de humanidad que quiebra cualquier cliché. Antes había demostrado solvencia; aquí se vuelve inevitable. No es solo el talento, es la medida: saber cuánto mostrar, cuánto retener, cuánto conceder a una audiencia que agradece la inteligencia.

Nueve reinas le dio a Darín un espejo donde su carisma se volvió herramienta dramática, y no mera decoración. Desde entonces, sus papeles dialogan con esta matriz, variando tonos, edades y registros, pero sin perder la afiladura.

Recepción y legado

El paso por festivales consolidó un prestigio inmediato, y la película cruzó fronteras con una facilidad poco común. Su remake estadounidense, Criminal (2004), certificó que el andamiaje narrativo funcionaba en otros idiomas, aunque la original mantiene un sabor intransferible: esa mezcla de picaresca porteña, ética de la calle y melancolía de fin de siglo.

La crítica suele destacar su capacidad para “encender la duda” en cada curva del relato. Y el público, que la convirtió en favorita, la revisita encontrando nuevos pliegues: detalles en el vestuario, microgestos en los encuentros, líneas de diálogo que adquieren otra luz al conocer el desenlace.

Más allá del ranking

Las listas son útiles y, a veces, caprichosas. Pero cuando muchas voces convergen, se perfila una certeza: esta película resume una idea de cine popular exigente, de entretenimiento con espina dorsal, de personajes que se mueven entre la astucia y la fragilidad.

“Lo mejor de Darín es cuando su encanto se vuelve duda”, se ha escrito con acierto. Aquí, esa duda se hace poética. Entre barajas marcadas y promesas rotas, queda algo más hondo: el reconocimiento de que el gran truco del cine no es engañar, sino hacernos partícipes de la ilusión. Y en ese arte, esta obra sigue siendo, según tantos críticos, la más afinada de su carrera.

Abril Quiroga

Abril Quiroga

Periodista argentina enfocada en la actualidad y el análisis de temas sociales y políticos. Escribo con un enfoque claro y directo, priorizando el contexto y la comprensión de los hechos. En Hablando Claro, trabajo para que la información sea accesible y útil para el lector.