¿Qué pasa cuando una paz frágil empieza a quebrarse?
De la noche a la mañana, las tensiones entre Pakistán y Afganistán tomaron un giro agudo —y mortal.
Pakistán lanzó ataques aéreos a través de la frontera, diciendo que apuntaba a escondites de militantes.
Estaban vinculados a grupos como Tehreek-i-Taliban Pakistan y la Provincia de Khorasan del Estado Islámico.
Funcionarios lo calificaron como una “respuesta retributiva” a recientes atentados suicidas dentro de Pakistán.
Pero el Talibán cuenta una historia muy distinta. Según ellos, los ataques golpearon viviendas civiles e incluso una escuela religiosa.
Al menos 18 personas muertas, muchas de ellas mujeres y niños.
Un sobreviviente describió haber perdido casi toda su familia en segundos. Es imposible de ignorar.
Las tensiones transfronterizas aumentan
Entonces, ¿cuál es la verdad? Probablemente se encuentre en la niebla del conflicto. Pakistán insiste en que tuvo objetivos “basados en inteligencia”.
Kabul lo considera una violación de la soberanía y del derecho internacional.
Esto ocurre a pesar de un alto el fuego acordado en octubre —ya inestable—, ahora claramente bajo tensión.
Los analistas advierten que la militancia transfronteriza, especialmente en regiones como Khyber Pakhtunkhwa, continúa alimentando la desconfianza de ambos lados.
La pregunta mayor es inevitable: ¿dos vecinos pueden pelear al mismo enemigo sin volverse el uno contra el otro?
Porque si no, este ciclo de ataques y represalias podría recién estar comenzando.